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Oración para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal diciembre 26, 2008

Posted by Euzébia Noleto in Conozca la doctrina Espirita, Para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal, Paz, Súplicas.
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PREFACIO

 

Jesús dijo: Amad incluso a vuestros enemigos. Esta máxima es lo sublime de la caridad cristiana; pero Jesús no quiere decir con esto que debamos tener con nuestros enemigos la misma ternura que tenemos con nuestros amigos; nos quiso decir con estas palabras, que olvidemos sus ofensas, que les perdonemos el mal que nos hacen, devolviéndoles bien por mal. Además del mérito que resulta de ello a los ojos de Dios, muestra a los ojos de los hombres la verdadera superioridad. (Cap. XII, números 3 y 4).

 

 

ORACIÓN:

 

¡Oh Dios!, yo perdono a N… el mal que me hizo y el que me quiso hacer, como deseo que me perdonéis y que él también me perdone las injusticias que yo pueda haber cometido. Si lo colocasteis en mi camino como una prueba, que se cumpla vuestra voluntad.

 

Desviad de mí, ¡Oh Dios!, la idea de maldecirle y todo deseo malévolo contra él. Haced que yo no experimente ninguna alegría por las desgracias que pueda tener, ni pena por los bienes que puedan concedérsele, con el fin de no manchar mi alma con pensamientos indignos de un cristiano.

 

Señor, que vuestra voluntad al extenderse sobre él, pueda conducirlo a los mejores sentimientos con respecto a mí.

 

Buenos Espíritus, inspiradme el olvido del mal y el recuerdo del bien. Que ni el odio, ni el rencor, ni el deseo de volverle mal por mal, entren en mi corazón, porque el odio y la venganza sólo pertenecen a los Espíritus malos, encarnados y desencarnados. Por el contrario, que esté pronto a tenderle fraternalmente la mano, a volverle bien por mal y a socorrerle si me es posible.

 

Deseo, para probar la sinceridad de mis palabras, que se me ofrezca la ocasión de serle útil; pero sobre todo, ¡Oh Dios!, preservadme de hacerlo por orgullo u ostentación confundiéndole con una generosidad humillante, lo que me haría perder el fruto de mi acción, porque entonces merecería que se me aplicasen aquellas palabras de Cristo: Ya recibisteis vuestra recompensa. (Cap. XIII, números 1 y siguientes).

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

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