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Acto de sumisión y resignación octubre 11, 2013

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PREFACIO

 

Cuando nos alcanza un motivo de aflicción, si buscamos la causa encontraremos muchas veces que es consecuencia de nuestra imprudencia, de nuestra imprevisión, o

de nuestra acción anterior; en este caso, a nadie debemos culpar sino a nosotros mismos. Si la causa de una desgracia es independiente de toda participación nuestra, es una prueba para esta vida o la expiación de una existencia pasada y en este último caso, la naturaleza de la expiación puede hacernos conocer la naturaleza de la falta, porque siempre somos castigados por donde hemos pecado. (Cap. V, números 4, 6 y siguientes).

 

En lo que nos aflige, en general, sólo vemos el mal presente y no las consecuencias ulteriores favorables que esto puede tener. El bien es muchas veces consecuencia del mal pasajero, como la curación de un enfermo es el resultado de los medios dolorosos que se han empleado para obtenerla. En todos los casos debemos someternos a la voluntad de Dios y soportar con valor las tribulaciones de la vida, si queremos que se nos tome en cuenta y que se nos apliquen estas palabras de Cristo: “Bienaventurados los que sufren”. (Cap. V, número 18).

 

 

ORACIÓN:

 

¡Oh Dios! Sois soberanamente justo; todo sufrimiento en este mundo, debe, pues, tener su causa y su utilidad. Yo acepto el motivo de aflicción que acabo de experimentar como una expiación de mis faltas pasadas y una prueba para el futuro.

 

Buenos Espíritus que me protegéis, dadme fuerza para soportarla sin murmurar; haced que sea para mí una advertencia saludable, que aumente mi experiencia y que combata en mí el orgullo, la ambición, la necia vanidad y el egoísmo, y que todo contribuya para mi adelantamiento.

 

 

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

Estás invitado a orar con nosotros.

 

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Súplica a los ángeles guardianes y a los espíritus protectores octubre 5, 2013

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PREFACIO:

 

Todos tenemos un buen Espíritu que se une a nosotros desde el nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a su solicitud; sufre cuando nos ve sucumbir. Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la Tierra; lo invocamos como nuestro ángel guardián, nuestro buen genio; podemos también invocarlo con el nombre de un Espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.

 

 

Además de nuestro ángel guardián, que siempre es un Espíritu superior, tenemos a los Espíritus protectores, que no por ser menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos son o parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Frecuentemente, nos asisten con sus consejos y con su intervención en los actos de nuestra vida.

 

Los Espíritus simpáticos son aquellos que se unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.

 

Los Espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos. Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se encarnizan con nosotros como con una presa, pero se alejan cuando reconocen que no pueden luchar contra nuestra voluntad.

 

Dios nos dio un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y guías secundarios en nuestros Espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos forzosamente un mal genio colocado cerca de nosotros para contrarrestar las buenas influencias. Los malos Espíritus vienen voluntariamente según encuentren acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos Espíritus; por tanto, somos nosotros quienes los atraemos. De esto resulta que nadie está jamás privado de la asistencia de los buenos Espíritus y que depende de nosotros apartar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio. (Cap. V, número 4).

 

 

La oración a los ángeles guardianes y a los Espíritus protectores debe tener por objeto solicitar su intervención ante Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas sugestiones y su asistencia en las necesidades de la vida.

 

ORACIÓN:

 

Espíritus sabios y benévolos, mensajeros de Dios, cuya misión es la de asistir a los hombres y conducirles por el buen camino; sostenedme en las pruebas de esta vida, dadme fuerzas para sufrirlas sin murmurar; desviad de mí los malos pensamientos y haced que no dé acceso a ninguno de los malos Espíritus que intenten inducirme al mal. Iluminad mi conciencia para que pueda ver mis defectos, separad de mis ojos el velo del orgullo que podría impedirme verlos y confesármelos a mí mismo.

Vos sobre todo, N… , mi ángel de la guarda, que veláis más particularmente y vosotros, Espíritus protectores que os interesáis por mí, haced que me haga digno de vuestra benevolencia. Conocéis mis necesidades, que ellas sean satisfechas según la voluntad de Dios.

 

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

Por favor ore con nosotros.

 

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Oración para un criminal abril 23, 2010

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PREFACIO:

Si la eficacia de las oraciones fuese proporcional a su tamaño, las más extensas deberían ser reservadas a los culpables, porque tienen mayor necesidad que los que vivieron santamente. Rehusarlas a los criminales es faltar a la caridad y desconocer la misericordia de Dios; creerlas inútiles, porque un hombre haya cometido tal o cual falta, es prejuzgar la justicia del Altísimo. (Cap. XI, número 14).

ORACIÓN:

Señor, Dios de misericordia, no rechacéis a este criminal que acaba de dejar la Tierra; la justicia de los hombres pudo condenarle, pero no por esto se salva de vuestra justicia, si su corazón no se ha conmovido por un sincero arrepentimiento.

Quitadle la venda que le oculta la gravedad de sus faltas. ¡Que con su arrepentimiento encuentre gracia ante vos y que se alivien los sufrimientos de su alma! ¡Que nuestras oraciones y la intervención de los buenos Espíritus puedan darle la esperanza y el consuelo! Inspiradle el deseo de reparar sus malas acciones en una nueva existencia y dadle fuerza para que no sucumba en las nuevas luchas que emprenderá.

¡Señor, tened piedad de él!

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

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Los infortunios ocultos marzo 8, 2010

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En las grandes calamidades, la caridad se manifiesta y se ven generosos impulsos para reparar los desastres; pero al lado de esos desastres generales, hay millares de desastres particulares que pasan desapercibidos, de personas que yacen sobre un camastro sin quejarse. Estos son aquellos infortunios discretos y ocultos que la verdadera generosidad sabe descubrir sin esperar que vengan a pedir asistencia.

¿Quién es esa mujer de maneras distinguidas, ataviada con sencillez aunque cuidada, seguida de una joven vestida también modestamente? Entra en una casa de sórdida apariencia, en la que es conocida sin duda, porque en la puerta la saludan con respeto. ¿Dónde va? Sube hasta la buhardilla y allí yace una madre de familia en una cama, rodeada de sus hijos pequeños; a su llegada, la alegría brilla en esos semblantes demacrados; es que va a calmar todos esos dolores; lleva consigo lo necesario, sazonado con dulces y consoladoras palabras, que hacen aceptar el beneficio sin vergüenza, porque estos infortunados no son mendigos profesionales; el padre está en el hospital y durante este tiempo, la madre no puede atender todas las necesidades. Gracias a ella, esos pobres niños no soportarán ni hambre ni frío, irán a la escuela bien abrigaditos y el seno de la madre no se agotará para los más pequeños. Si hay un enfermo entre ellos, ningún cuidado material le repugnará. De allí se va al hospital a llevar al padre algunos consuelos y tranquilizarle sobre la suerte de la familia. Al extremo de la calle espera un carruaje, verdadero almacén de todo lo que lleva a sus protegidos, que visita sucesivamente; no les pregunta por su creencia ni por su opinión, porque para ella todos los hombres son hermanos e hijos de Dios. Concluido su paseo, se dice: Comencé bien mi jornada. ¿Cuál es su nombre? ¿Dónde vive? Nadie lo sabe; para los infelices es un nombre que nada descubre, pero es el ángel del consuelo y por la noche, un concierto de bendiciones se eleva para ella hasta el Creador: católicos, judíos, protestantes, todos la bendicen.

¿Por qué ese porte tan sencillo? Es porque no quiere insultar a la miseria con su lujo. ¿Por qué se hace acompañar por su joven hija? Es para enseñarle cómo se debe practicar la beneficencia. La hija también quiere hacer caridad, pero su madre le dice: “¿Qué puedes dar tú, hija mía, si no tienes nada tuyo? Si yo te entrego alguna cosa para pasar a las manos de los otros, ¿qué mérito tendrás? En realidad seré yo la que haga la caridad y tú la que tendrá el mérito; esto no es justo. Cuando vamos a visitar a los enfermos, tú me ayudas a cuidar de ellos; pues el procurarles cuidados ya es alguna cosa. ¿No te parece esto suficiente? Nada hay más sencillo; aprende a hacer obras útiles confeccionando vestidos para estos niños, de este modo tú darás alguna cosa que te pertenezca”. Es así como esa madre, verdaderamente cristiana, forma a su hija según la práctica de las virtudes enseñadas por Cristo. ¿Es espírita? ¡Qué importa!

En su hogar, es la mujer del mundo, porque su posición lo exige; pero se ignora lo que hace, porque no quiere otra aprobación que la de Dios y de su conciencia. Pero un día, una circunstancia imprevista conduce a su casa a una de sus protegidas, que le ofrecía una labor manual; esta la reconoció y quiso bendecir a su benefactora: “¡Silencio!” Le dijo; no lo digáis a nadie”. Así hablaba Jesús.

Extraído del “Evangelio según el Espiritismo”, Editora Mensaje Fraternal (Venezuela).

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Cuidar el cuerpo y el espíritu julio 13, 2009

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                   La perfección moral, ¿consiste en la maceración de cuerpo? Para resolver esta cuestión me apoyo en los principios elementales, y comienzo por demostrar la necesidad de cuidar el cuerpo, que, según las alternativas de salud y de enfermedad influye de una manera muy importante sobre el alma, que es preciso considerar como cautiva de la carne. Para que esta prisionera viva, se divierta y conciba aun las ilusiones de la libertad, el cuerpo debe estar sano, dispuesto, vigoroso. Sigamos la comparación: Helos, pues, a ambos, en perfecto estado, ¿qué deben hacer para mantener el equilibrio entre sus aptitudes y sus necesidades tan diferentes?

                   He aquí dos sistemas que se enfrentan: el de los ascetas, que quieren abatir el cuerpo y el de los materialistas, que quieren rebajar el alma; dos violencias, que son casi tan insensatas una como la otra. Al lado de esos grandes partidos hormiguea la numerosa tribu de los indiferentes, que sin convicción y sin pasión, aman con tibieza y gozan con economía. ¿En dónde está pues, la sabiduría? ¿En dónde está, pues, la ciencia de vivir? En ninguna parte; y este gran problema quedaría enteramente por resolver, si el Espiritismo no viniese en ayuda de los investigadores demostrándoles las relaciones que existen entre el cuerpo y el alma, y diciendo que, puesto que son necesarios el uno a la otra, es preciso cuidarlos a ambos. Amad, pues, vuestra alma, pero cuidad también el cuerpo, instrumento del alma; desconocer las necesidades que están indicadas por la propia Naturaleza, es desconocer la ley de Dios. No le castiguéis por las faltas que vuestro libre albedrío le ha hecho cometer y de las que tampoco tiene responsabilidad, como no la tiene el caballo mal dirigido, por los accidentes que causa. ¿Seréis, acaso, más perfectos, si martirizando vuestro cuerpo no sois menos egoístas, orgullosos y poco caritativos con vuestro prójimo? No; la perfección no consiste en esto; está enteramente en las reformas que haréis sufrir a vuestro Espíritu; doblegadlo, sometedlo, humilladle, mortificadle; éste es el medio de hacerle dócil a la voluntad de Dios y el único que conduce a la perfección.

(Georges, espíritu protector, París, 1863).

Extraído del “Evangelio según el Espiritismo”, Editora Mensaje Fraternal (Venezuela).

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Carta a Jesús mayo 8, 2009

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De Cairbar Schutel

Mi Maestro y Señor Jesús.

¡Alabado sea tu santo espíritu!

En los momentos penosos de mi vida tengo buscado a ti y nunca he dejado de merecer Tu misericordia.

En los momentos de alegría y abundancia de mi vida, nunca he dejado de darte gracias y cantarte alabanzas a Tu incomparable Espíritu.

Ayúdame, Señor, en mis deficiencias, rellena mis fallas, llena mis claros con Tu beneplácito y no permitas que por mis incorrecciones sea Tu Doctrina escandalizada y Tu palabra maculada.

Soy Tu discípulo y te amo como el perro fiel ama a su dono. Soy niño ignorante. ¡Tiene compasión de mí!

Bendice a todos los Espíritus, mis hermanos, que me sostienen y dales fuerzas para que operen conmigo Tu amor.

Alabado sea Dios, nuestro Padre Celestial, a quien conozco, Señor, por Tu intermedio, y a quien amo y adoro, si guardo Tu precepto.

 

Oración contenida en la obra “Preces Espíritas”, de Cairbar Schutel, 1987 (Casa Editora O Clarim, Brasil).

Por favor ore con nosotros.

 

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Desprendimiento de los bienes terrestres mayo 4, 2009

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                   Vengo, hermanos míos y amigos, a traeros mi óbolo para ayudaros a marchar con valor por el camino del perfeccionamiento en que habéis entrado. Nosotros nos debemos unos a otros; sólo por una unión sincera y fraternal entre Espíritus y encarnados será posible la regeneración.

                   Vuestro amor a los bienes terrestres es una de las mayores trabas para vuestro adelantamiento moral y espiritual; por ese apego a la posesión, suprimís vuestras facultades afectivas concentrándolas todas en las cosas materiales. Sed sinceros. ¿Acaso la fortuna da una felicidad inmaculada? Cuándo vuestros cofres están llenos, ¿no hay siempre un vacío en vuestro corazón? En el fondo de este cesto de flores, ¿no hay siempre un reptil escondido? Comprendo que un hombre que por un trabajo asiduo y honroso, ganó la fortuna, experimente una satisfacción muy justa, sin embargo; de esta satisfacción natural que Dios aprueba, a un apego que absorbe todos los otros sentimientos y paraliza los impulsos del corazón, hay mucha distancia, tanta distancia como de la sórdida avaricia a la prodigalidad exagerada; dos vicios entre los cuales Dios ha colocado la caridad, santa y saludable virtud, que enseña al rico a dar sin ostentación para que el pobre reciba sin bajeza.

                   Ya venga la fortuna de vuestra familia, ya la hayáis ganado con vuestro trabajo, hay una cosa que nunca debéis olvidar, y es que todo viene de Dios y todo vuelve a Dios. Nada os pertenece en la Tierra, ni siquiera vuestro pobre cuerpo; la muerte os despoja de él, como de todos los bienes materiales; sois depositarios y no propietarios; no os engañéis acerca de esto; Dios os ha prestado y debéis restituírselo, y lo que os presta es con la condición de que al menos lo superfluo revierta para aquellos que no tienen lo necesario.

                   (…)Infelizmente hay siempre en el hombre que posee, un sentimiento tan fuerte que lo apega a la fortuna: es el orgullo. No es raro ver al hombre que ha medrado aturdir al infeliz que implora su asistencia con la narración de sus trabajos y de su saber, en vez de venir a ayudarlo, acaba por decir: “Haga lo que yo hice”. Según él, la bondad de Dios no ha intervenido para nada en su fortuna; sólo atribuye el mérito a sí mismo; su orgullo pone una venda en sus ojos y le tapa los oídos; no comprende que con toda su inteligencia y su destreza, Dios puede derrumbarle con una sola palabra.

                  (…) He aquí, mis amigos, lo que quería enseñaros en cuanto al desprendimiento de los bienes terrestres; resumiré diciendo: Sabed contentaros con poco. Si sois pobres, no envidiéis a los ricos, porque la fortuna no es necesaria para la felicidad; si sois ricos, no olvidéis que estos bienes se os han confiado y que deberéis justificar su empleo como en una cuenta de tutela. No seáis depositarios infieles haciéndolos servir para la satisfacción de vuestro orgullo y de vuestra sensualidad; no os creáis con el derecho de disponer únicamente para vosotros de lo que sólo es un préstamo y no un donativo. Si no sabéis devolver, no tenéis el derecho de pedir, y acordaos que el que da a los pobres paga la deuda que ha contraído con Dios. (LACORDAIRE, Constantina, 1863).

Extraído del Evangelio según el Espiritismo”, Editora Mensaje Fraternal (Venezuela).

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A los ángeles guardianes y a los espíritus protectores abril 24, 2009

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PREFACIO:

 

Todos tenemos un buen Espíritu que se une a nosotros desde el nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a su solicitud; sufre cuando nos ve sucumbir. Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la Tierra; lo invocamos como nuestro ángel guardián, nuestro buen genio; podemos también invocarlo con el nombre de un Espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.

 

 

Además de nuestro ángel guardián, que siempre es un Espíritu superior, tenemos a los Espíritus protectores, que no por ser menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos son o parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Frecuentemente, nos asisten con sus consejos y con su intervención en los actos de nuestra vida.

 

Los Espíritus simpáticos son aquellos que se unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.

 

Los Espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos. Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se encarnizan con nosotros como con una presa, pero se alejan cuando reconocen que no pueden luchar contra nuestra voluntad.

 

Dios nos dio un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y guías secundarios en nuestros Espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos forzosamente un mal genio colocado cerca de nosotros para contrarrestar las buenas influencias. Los malos Espíritus vienen voluntariamente según encuentren acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos Espíritus; por tanto, somos nosotros quienes los atraemos. De esto resulta que nadie está jamás privado de la asistencia de los buenos Espíritus y que depende de nosotros apartar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio. (Cap. V, número 4).

 

 

La oración a los ángeles guardianes y a los Espíritus protectores debe tener por objeto solicitar su intervención ante Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas sugestiones y su asistencia en las necesidades de la vida.

 

ORACIÓN:

 

Espíritus sabios y benévolos, mensajeros de Dios, cuya misión es la de asistir a los hombres y conducirles por el buen camino; sostenedme en las pruebas de esta vida, dadme fuerzas para sufrirlas sin murmurar; desviad de mí los malos pensamientos y haced que no dé acceso a ninguno de los malos Espíritus que intenten inducirme al mal. Iluminad mi conciencia para que pueda ver mis defectos, separad de mis ojos el velo del orgullo que podría impedirme verlos y confesármelos a mí mismo.

Vos sobre todo, N… , mi ángel de la guarda, que veláis más particularmente y vosotros, Espíritus protectores que os interesáis por mí, haced que me haga digno de vuestra benevolencia. Conocéis mis necesidades, que ellas sean satisfechas según la voluntad de Dios.

 

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

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Oración para pedir la fuerza de resistir a una tentación abril 17, 2009

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PREFACIO

 

Todo mal pensamiento puede tener dos orígenes: la propia imperfección de nuestra alma, o una funesta influencia que actúe sobre ella; en este último caso, es siempre indicio de una debilidad que nos hace propios para recibir esta influencia y por consiguiente, de un alma imperfecta; de tal modo, que el que comete una falta, no podría dar por excusa la influencia de un Espíritu extraño, puesto que este Espíritu no le habría inducido al mal si lo considerase inaccesible a la seducción.

 

Cuando un mal pensamiento surge en nosotros, podemos, pues, suponer que un Espíritu malévolo nos está induciendo al mal y al cual estamos enteramente libres para acceder o resistir, como si se tratara de las instigaciones de una persona viviente. Al mismo tiempo, debemos imaginarnos a nuestro ángel guardián o Espíritu protector, que por su parte, combate en nosotros la mala influencia, y espera con ansiedad la decisión que vamos a tomar. Nuestra vacilación en hacer el mal es la voz del Espíritu bueno que se hace oír por la conciencia.

 

Se reconoce que un pensamiento es malo cuando se aparta de la caridad, que es la base de toda verdadera moral; cuando tiene por principio el orgullo, la vanidad o el egoísmo; cuando su realización puede causar un perjuicio cualquiera a otro; cuando, en fin, nos induce a hacer a los otros cosas que no quisiéramos que nos hicieran a nosotros. (Cap. XXVIII, número 15; cap. XV, número 10).

 

 

ORACIÓN:

 

Dios Todopoderoso, no me dejéis sucumbir a la tentación que tengo de cometer una falta. Espíritus benévolos que me protegéis, desviad de mí este mal pensamiento y dadme la fuerza de resistir a la sugestión del mal. Si sucumbo, habré merecido la expiación de mi falta, tanto en esta vida como en la otra, porque soy libre para elegir.

 

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

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Acción de gracias después de haber salido de un peligro abril 10, 2009

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PREFACIO:

 

 

                   Por los peligros que corremos, Dios nos enseña que de un momento a otro podemos ser llamados a dar cuenta del empleo que hemos hecho de la vida; de este modo nos advierte para que nos concentremos y nos enmendemos.

 

 

ORACIÓN:

 

                        ¡Oh Dios! y vos mi ángel de la guarda, os doy las gracias por el socorro que me habéis enviado cuando el peligro me amenazaba. Que este peligro sea para mí una advertencia que me esclarezca sobre las faltas que han podido conducirme a él. Comprendo, Señor, que mi vida está en vuestras manos y que podéis quitármela cuando os plazca. Inspiradme por los buenos Espíritus que me asisten, el pensamiento de emplear útilmente el tiempo que me concedes aún en este mundo.

 

                        Mi ángel de la guarda, sostenedme en la resolución que tomo de reparar mis agravios y de hacer todo el bien que estuviere en mi poder, con el fin de llegar con menos imperfecciones al mundo de los Espíritus cuando quiera Dios llamarme.

 

 

Esta oración se encuentra en el “Evangelio Según el Espiritismo”.

 

Por favor ore con nosotros.

 

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